Voluntarios de Súmate: Idean conversatorio a beneficio de sus alumnos

Publicado el 16/06/2020

Los profesionales de reforzamiento escolar, que apoyan gratuitamente a jóvenes participantes de Súmate, idearon un conversatorio pagado para apoyar con lo recaudado a sus alumnos y a sus familias, ya que muchas se han quedado sin trabajo o están contagiadas con coronavirus. El objetivo es poder continuar con la iniciativa y ampliar el aporte a más hogares.

Por María Luisa Galán

“Hay un joven que está con coronavirus y sus papás son sordomudos y trabajan en el comercio ambulante, hoy no pueden trabajar. Hay otro caso de una familia de un chico extranjero, son once personas dentro de una casa y están todos con Covid-19 y tampoco pueden salir a trabajar. Esas son las realidades con que trabajamos”, cuenta Claudio Polloni, jefe zonal metropolitano norte de fundación Súmate, sobre la situación de los jóvenes acogidos por la entidad.

Una dura realidad que movilizó a los voluntarios que desde hace años apoyan a estos jóvenes con talleres de reforzamiento en las asignaturas de enseñanza media o de estudios superiores que requieran, como matemáticas, álgebra o inglés. “Hace un mes supimos que había por lo menos 40 jóvenes y sus familias que estaban pasando momentos delicados, en temas de alimentos, entonces se nos ocurrió hacer un conversatorio sobre adolescentes en tiempos de pandemia”, cuenta Carlos Álvarez, informático y parte del equipo de voluntarios de Súmate.

En una semana organizaron el sencillo evento. Se consiguieron a un especialista, la plataforma y a los invitados. Se inscribieron 22 personas, quienes debían hacer un aporte a partir de 2 mil pesos para asistir. Varias donaron mucho más. “No era sólo hacer una colecta, que hubiera sido más rápido y válido, pero le quisimos dar un sentido de entregar un contenido útil, sobre todo para los papás que tienen hijos”.

Reunieron 216 mil pesos, y esta semana les entregaron 30 mil pesos a 7 jóvenes. “A veces uno relativiza. Uno tiene pega, no pasa hambre, resulta tener una comida en la mesa todos los días, pero cuando nos comentan que hay papás de los jóvenes que no están trabajando, familias completas con Covid, ahí se evidencia lo que vemos en las noticias: que dicen que la gente que es porfiada porque sale, pero en ese contexto, hay muchos que no tienen qué comer y tienen que salir, porque de lo contrario se mueren de hambre. Treinta mil pesos puede parecer muy poco pero les puede alcanzar para varios días”, agrega Carlos.

Los jóvenes beneficiados están muy agradecidos después de recibir con sorpresa este aporte. No lo esperaban. Jazmín, de 20 años, es una de ellas. Vive junto a su mamá en una pieza que arriendan en Renca. Su mamá quedó sin trabajo en febrero, ella está terminando cuarto medio y a veces hacía unos “pololitos” de alisado de pelo. Hoy viven gracias a la pensión que le da su papá, de 120 mil pesos. “Con eso pagamos el arriendo”, dice. Y agrega: “Este aporte fue súper bueno, lo necesitábamos harto sobre todo en esta situación. Lo vamos a usar en alimentos y cosas que falten para la casa”.

Gracias a la buena acogida que tuvo el primer conversatorio, cuyos resultados fueron más de lo esperado, y el aporte que significa el dinero para los jóvenes, es que el grupo de voluntarios está preparando un segundo encuentro para fines de mes. “Queremos armar otro, con otro tema y seguir ayudando a más jóvenes. La idea hubiera sido poder ayudar a todos, pero se eligió a los que estaban en una situación más crítica”, cuenta Carlos, quien clarifica que usaron una cuenta de ahorro de él que estaba en cero con el objetivo de que hubiera transferencia en todo momento.

“Hay algo común en los voluntarios, la necesidad de entregar algo a alguien. En los reforzamientos ya está implícito el querer ayudar. Ahora, con el tema de la pandemia, nuestras actividades se han visto afectadas porque ya no nos juntamos, nos reunimos por teléfono o video llamada, pero no es fácil. Por eso, cuando Claudio nos contó que estaban complicados con las carencias que estaban padeciendo los chicos, nos preocupó. Siempre hemos tenido las ganas de ayudar, no sólo con hacer clases y la fundación siempre ha sido receptiva con nuestras ideas”, cuenta con esperanza y entusiasmo Carlos Álvarez.

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