Verónica López y Liliana Cortés: «No se puede exigir lo mismo a un joven que ha tenido un camino escolar lleno de escollos»

Publicado el 24/08/2021

La sicóloga y directora del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva de la PUCV, Verónica López, y la trabajadora social Liliana Cortés, que dirige Fundación Súmate, son las voceras del Observatorio para las Trayectorias Educativas. Ambas explican el trauma que padecen los niños, niñas y jóvenes excluidos de la escuela y lo necesaria y delicada que es la tarea de reparación y recuperación de su derecho a la educación, modalidad educativa cuya subvención se está viendo ahora en la Cámara de Diputados.

Por Ximena Torres Cautivo

–Como miembros del Observatorio de las Trayectorias Educativas nos declaramos colaboradores del Estado para poder avanzar en la implementación de la modalidad educativa de reingreso y profundizar en otras políticas de alerta temprana del abandono escolar y de todo aquello que contribuya a que no haya niños y jóvenes privados del derecho a la educación en Chile –declara la sicóloga y directora del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Verónica López, quien es una de las voceras de esta iniciativa que se lanzó el último día de julio y reúne a 5 centros de estudios y organizaciones que trabajan por la inclusión educativa.

En Chile, cada 12 minutos un niño o niña es excluido del sistema escolar. Y el 37% de niños, niñas y jóvenes no culmina su trayectoria educativa en los 12 años lineales establecidos como obligatorios. A causa del COVID-19, 40 mil estudiantes dejaron la escuela, engrosando la población ya existente de 186 mil niños, niñas y jóvenes de entre 5 y 21 años que se encontraban fuera  del sistema educativo sin haber completado su educación obligatoria y con dos o más años de rezago escolar.

Esta dramática realidad es la que busca reparar la modalidad educativa de reingreso, cuya subvención está en plena discusión en la Cámara de Diputados.

Liliana Cortés, trabajadora social, directora de Fundación Súmate del Hogar de Cristo desde hace años, experta en temas de inclusión educativa, la otra vocera del recién creado Observatorio por las Trayectorias Educativas, afirma:

–Creo que existe apoyo transversal a la modalidad y conciencia de que es importante y más necesario que nunca hacerse cargo de esta realidad. El tema es cómo se entrega esta subvención. Nosotros quisiéramos que fuera por matrícula y no por asistencia, que es lo que ha entrampado la discusión en la Cámara de Diputados, pero hay caminos intermedios para transitar hacia una subvención de mejor calidad que la actual. Una posibilidad es que se aprobara con ciertas condiciones más favorables, como que la asistencia exigida para pagar la subvención no fuera de un ciento por ciento, sino de un 70 por ciento, por ejemplo.

-¿Por qué importa tanto que la subvención sea por matrícula y no por asistencia en esta modalidad? ¿Por qué hay que hacer esa diferencia con la educación estándar?

-Actualmente, nuestro sistema educativo paga la subvención por asistencia y eso, en el caso de los niños que han abandonado y vuelto al sistema, no permite visualizar ni trabajar en el progreso que significa el reingreso. Ningún niño, niña o joven va a volver al colegio, con la experiencia de desarraigo y exclusión educativa que arrastra, como si nada hubiera pasado. Cuando has salido y estado fuera del sistema por dos años y más, sientes aversión por la experiencia de la escuela, sobre todo cuando tu experiencia de fracaso ha sido muy negativa. Exigir asistencia de un ciento por ciento en esos casos es irreal, porque el proceso de reingreso es paulatino. No se puede exigir lo mismo a un joven que ha tenido un camino lleno de escollos que a otros que han avanzado sin tropiezos, por eso pedimos esas consideraciones. Nosotros en las escuelas Súmate partimos con bajos niveles de asistencia, pero vamos viendo el progreso junto con el compromiso, en la medida que los jóvenes van reconciliándose con la experiencia de estudiar, de ser acogidos, de no ser discriminados. Sacar las piedras del camino es un proceso, no pasa de un día para otro, y eso debe ser considerado al otorgar la subvención para la modalidad educativa de reingreso.

-¿Cómo crees que termine legislándose? ¿Temes que el tema puede entramparse y no haya financiamiento adecuado en 2022 para esta necesaria modalidad educativa de reingreso?

-Claro, por supuesto que el tema puede entramparse, como muchos proyectos hoy en el Parlamento, que, pese al consenso universal sobre su importancia, por trabas ideológicas o de otro tipo, no prosperan. Pero yo, que conozco la realidad de los niños, niñas y jóvenes excluidos, sé que no podemos seguir esperando. Este grupo de jóvenes no puede seguir privado del derecho a la educación; se requiere flexibilidad de todas las partes para aprobar al menos un mínimo que nos permita avanzar. La  pandemia nos va a dejar una cifra importante de niñas, niños y jóvenes fuera del sistema, además de los que ya había, y nosotros, como escuelas y programas de reingreso, tenemos que estar preparados con todo el primero de marzo 2022 para recibir a los alumnos, los más que se pueda. Y si este proyecto no está aprobado, ellos van a perder un año más de sus vidas, que, si no logran retomar su trayectoria educativa, carecerán de innumerables posibilidades de desarrollo personal, laboral y de todo tipo a futuro.

CASTIGADORA, EXCLUYENTE Y SEGREGADORA

Además de las instituciones que representan Liliana Cortés y Verónica López, el Observatorio de las Trayectorias Educativas está integrado por el Centro Justicia Educacional de la Universidad Católica, el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile y el Departamento de Política Educativa y Desarrollo Escolar de la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado. Sus objetivos son denunciar la exclusión, señalar las brechas, destacar las buenas prácticas y lograr el aprendizaje efectivo de niñas, niños y jóvenes sin importar su condición de origen o situación social y económica, porque este tema se explica fundamentalmente por la realidad socioeconómica de los niños.

-¿Existen niños que abandonan el sistema escolar regular traumatizados a causa de la discriminación?

Responde Verónica López:

–Una estudiante de nuestra Escuela de Sicología que está haciendo su pasantía en Barcelona y trabaja con el equipo que analiza este tema allá, me contaba que ellos ya están hablando de “trauma escolar” respecto de las experiencias que relatan los estudiantes que salen del sistema escolar regular y buscan otras opciones educativas, las que en España se llaman “escuelas de alta complejidad”.  Son experiencias que cumplen con todas características para ser denominadas traumáticas, en el sentido que dejan fuertes huellas emocionales, con tremenda carga negativa, son recordadas con dolor y generan consecuencias, como la aversión por la escuela. Las prácticas curriculares para los estudiantes que tienen mejor rendimiento académico, mayor asistencia y cuyas familias valoran más la educación, son perfectas, pero resulta que no todos los estudiantes y sus familias son así.

Liliana se refiere directamente a los alumnos de las escuelas y programas de reingreso Súmate, del Hogar de Cristo. Explica: “A diario, recibimos niñas niños y jóvenes con experiencias muy dolorosas, que requieren de una reparación. Si ese trabajo reparador está bien hecho, el estudiante no va a resolver sólo su problema escolar y recuperar su trayectoria educativa, va a resolver sus problemas de la vida. ¿Por qué nos urge tanto contar con una subvención acorde a la realidad de estos estudiantes? Porque tenemos que entregarles propuestas reparadoras ahora. Sus familias han tenido que arreglárselas durante muchos años solas, tratando de ver cómo integran a sus hijos e hijas al mundo educativo. Y reparar y educar es más caro que educar a secas; ciertamente, cuesta más y requerimos ese financiamiento”.

Verónica López agrega que la respuesta a la realidad de los niños, niñas y jóvenes excluidos pasa por una solución educativa. “Y esa solución puede ser castigadora, por lo tanto, excluyente y segregadora, o reparadora y restaurativa de derechos, que es lo que hace la modalidad educativa de reingreso”.

–¿Cuánto pesa la relación profesor-alumno en esa tarea reparatoria?

–Yo trabajo en el tema de la convivencia escolar, de la violencia escolar. Ese es mi tema de  investigación y nosotros estamos claros, a partir de estudios tanto cualitativos como cuantitativos, de que el bullying que reciben los estudiantes de parte de sus compañeros es un correlato del que les dan sus profesores. En concreto, los profesores también discriminan y tratan mal a sus estudiantes, y los estudiantes que reciben los peores tratos de parte de los profesores es por razones de clasismo, racismo, discriminación sexual. Los estudiantes trans siempre están en una situación de mayor vulnerabilidad en Chile, así como las minorías étnicas, los migrantes. En Chile, nuestro modelo de integración es entre iguales, reúne los que se parecen… O sea: no integra nada –responde Verónica López.

Liliana Cortés afirma que los niños y jóvenes excluidos que regresan deben partir “comprendiendo lo que pasó antes y aceptar que la experiencia negativa quedó, pero que se puede superar si se logra llenar la vida escolar de nuevas vivencias positivas. Los niños no quieren sólo aprender, por eso es tan importante la presencialidad, porque se necesita convivencia, ser parte de una comunidad. Se necesita el paseo de curso, vivir una graduación, participar de proyectos conjuntos. Nuestros niños han sido privados de experiencias a punta de castigos, entonces, cuando vuelven, debemos lograr motivarlos, ya sea en un aula de re compromiso educativo o en un espacio de reingreso”.

PADRES TRATADOS COMO NIÑOS

Pese a lo mal que suena todo, la psicóloga Verónica López señala que ha habido progresos:

–Vengo de entrevistar a la directora de un colegio en relación a un proyecto Fondecyt que dirijo sobre el uso de prácticas de castigo, de disciplina punitiva en la sala de clases. Ella me hablaba de las etapas de tránsito, de ciertas transiciones críticas para los estudiantes y sus familias. El paso de octavo básico a primero medio es crítico, es donde ocurre más abandono escolar. La directora de este establecimiento me contaba cómo ellos han logrado mejorar, pasando de una cultura muy punitiva con foco puesto en los castigos y en hacer muchas anotaciones negativas, suspensiones, cancelaciones de matrículas, repitencias, a lo que llaman inclusión. La buena noticia es que ha habido una mejora desde 2016, según datos del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile: los chicos que partieron en 2004 su enseñanza básica, tendrían que haber terminado el 2016, pero sólo el 57% lo logró. Hoy esa cifra ha bajado a un 37% de estudiantes que no terminan en 12 años su educación básica y media en muestras similares. La Ley de Inclusión ha permitido pasar de un encargado de convivencia a un equipo de convivencia escolar, un cambio que apunta a que no podemos seguir pensando que la letra con sangre entra, porque esa metáfora persiste, aunque suena tan antigua.

Y ambas especialistas refuerzan que el vínculo es lo clave. “En los programas de retención de los años 90 se contrataba a psicólogos trabajadores sociales, y se desdibujaba lo clave que son los profesores. La pandemia ha demostrado que cuando es el director con los profesores quienes hacen las llamadas, se preocupan uno a uno de los alumnos, el vínculo se fortalece, no sólo con los jóvenes, sino con sus familias. El profesor es, por lejos, el mayor proyector para que a un estudiante le vaya mal, pero también es el mejor proyector para que al estudiante le vaya bien”, explica Verónica.

–¿Cómo la familia y los apoderados pueden apoyar la protección de las trayectorias educativas de sus hijos? ¿Qué rol le cabe a ellos en este tema?

–Lo fundamental es que sepan que a los niños los protege mucho mantenerse con un mismo grupo de compañeros ojalá la mayor cantidad del tiempo posible. Entendemos que a veces la vida corre por un carril distinto y hay situaciones familiares, laborales, económicas, que no lo permiten. Otro tema es que la lógica del mercado, con un financiamiento que favorece la asistencia y no la matrícula, como ya vimos, tensiona la lógica de inclusión, porque la escuela favorece a los  estudiantes con mejor rendimiento y asistencia, por sobre los que tienen problemas de todo tipo y es mejor apartarlos. Hay casos de bullying, donde el cambio de colegio puede ser favorable, pero son los menos. La norma es que no es bueno que los niños cambien de colegio –responde Verónica.

Y Liliana complementa:

–El trabajo de reparación también lo tenemos que hacer con las familias, porque ellas, como sus hijos, también han sido empujadas a abandonar el colegio. Es importante establecer relaciones más simétricas entre escuela y padres y apoderados. Un director no puede retar a un adulto, como se suele pasar sobre todo en escuelas vulnerables. Y eso está muy mal. Debemos construir una relación adulta entre las familias y los equipos directivos de las escuelas, simétricas, en favor de los niños más pobres y vulnerables del sistema.

La directora de Súmate agrega que al sistema educativo chileno le falta flexibilidad. Así lo explica: “Debe tener un mayor repertorio de posibilidades, no hablo sólo de la modalidad de reingreso, que es a lo que nosotros nos dedicamos, sino a fórmulas que permitan que sea que sea un espacio de integración social real. Durante muchos años hemos utilizado la escuela como el lugar donde hay que desarrollar todos los programas, porque ahí están los niños. Yo creo que  debemos avanzar a un estadio distinto, por una cuestión de integración: se trata de poner a los niños al centro, no a la escuela. Y que todos los ministerios involucrados trabajen por los estudiantes. Yo siento que el Ministerio de Educación ha estado muy solo en la protección de la niñez; deben participar también los ministerios de Desarrollo Social, Justicia, Salud, y trabajar de manera mucho más integrada y coordinada para evitar el abandono escolar», sostiene Liliana.

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