Valentina Castro: “Me hacían bullying y yo no sabía defenderme”

Publicado el 17/04/2019

“Sácame de ahí”, le rogaba llorando a su madre, quien finalmente la escuchó y la cambió a una escuela de la Fundación Súmate del Hogar de Cristo. Este es su relato.

Por María Teresa Villafrade

Valentina Castro (17) tiene una voz suave y femenina. Cursa tercero y cuarto medio en el colegio Betania de La Granja, una de las 5 escuelas de reingreso que tiene Fundación Súmate del Hogar de Cristo, para niños que han estado excluidos del sistema escolar por su vulnerabilidad y buscan recuperar su trayectoria educativa (ver video).

Es el caso de esta joven, quien repitió cuarto y sexto básico y fue rezagándose en sus estudios a causa de un problema que arrastró por ocho años en un establecimiento escolar cuyo nombre prefiere olvidar.

“Me hicieron bullying todo ese tiempo y yo no sabía defenderme. Me pegaban y se burlaban de mí, incluso en presencia de los profesores. A ellos no les importaba, pasaban su materia y se iban. Una vez me pegaron en la sala estando la profesora presente y ella no hizo absolutamente nada. Mis compañeros eran de barrios donde había mucha violencia. Todo el mundo parecía tener miedo, no sólo yo”, recuerda Valentina.

Cuenta que tenía dos amigas, pero cada vez que alguien la agredía, ellas se alejaban. “Siempre he sido muy callada, no soy de muchos amigos. Mis recuerdos de esos ocho años fueron puras peleas. Llegaba a mi casa enojada, con moretones y raspones. Era un colegio municipalizado donde igual los apoderados debían poner plata para los materiales. Repetí cuarto y sexto básico por los problemas del bullying, una vez falté un mes completo a clases, los otros años los pasé raspando”, agrega.

-¿Cómo lograste convencer a tu mamá de cambiarte de colegio?

-Fue porque un día me quitaron todas mis cosas, mi mochila, mis cuadernos, libros, todo, y me los tiraron del segundo piso para abajo. Quedó todo desparramado en el suelo y, en segundos, ya no había nada. Mi mamá y mi hermana se enojaron mucho y fueron a hablar con la profesora jefe y la amenazaron que si mis cosas no me las devolvían, la iban a denunciar al ministerio de Educación e iban a hacer que la echaran del colegio.

Tras esa coyuntura, finalmente su madre buscó en Google un colegio que pudiera recibir a Valentina y encontró el Betania, de La Granja. Valentina confiesa que el primer día que visitó la escuela, se emocionó: “Me hicieron un tour y encontré todo tan bonito, con su anfiteatro al aire libre y sus hermosos jardines, siempre estuve en colegios con puros patios de cemento y todos encerrados en una sala”, dice.

Cuando le avisaron que el lunes siguiente entraría a clases, lloró. “Sentí que iba a haber un cambio gigante en mi vida, que iba a tener amigos y me iba a ir bien, y así pasó. El primer año pasé con un 6 y el segundo, con un 6,2. Este año pretendo salir por lo menos con un 6,3 o 6,4”.

Además, se inscribió en Banquetería en el marco del programa “Protagonistas” que impulsa el colegio con el apoyo de SOFOFA y se certificó como copera. “Entré al taller de Banquetería, porque nunca antes había escuchado esa palabra, me llamó mucho la atención el nombre. Eso significaba quedarse horas extra en el colegio, pero me entretuve mucho haciendo cupcakes y muffins. A la ceremonia de certificación como copera fui acompañada de mi mamá y de la niña de 8 años que estoy cuidando, porque igual necesito plata para comprar mis cosas. Estoy feliz de haber logrado una meta importante”.

Valentina vive en el paradero 28 de Santa Rosa, junto a otros siete miembros de su familia: sus abuelos maternos, una tía y una prima, su padrastro, su mamá y su hermana. A su padre biológico apenas lo ha visto. “Hace tres años le escribí para pedirle plata para mi graduación. Me pasó 15 mil pesos y después me bloqueó en todos lados. Chao, le dije”.

-¿Qué te gustaría hacer cuando termines de estudiar?

-No quiero irme, ¡amo este colegio! Tengo varias posibilidades pero no sé. Podría seguir en algo relacionado con la banquetería, hacer tortas, pasteles o trabajar de garzona. Sé lo que quiero, pero no sé qué elegir.

 

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